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jueves, 10 de julio de 2008

oCHEnta

El 14 de Junio de 2008 se cumplieron 80 años del nacimiento de Ernesto Guevara.
En la ciudad de Rosario, ese dia, se inauguro el monumento al Hombre Nuevo.
El escultor, Andres Zerneri.






lunes, 12 de mayo de 2008

Metro de Santiago

Una vez mas el ejercicio de mirar. Todos vemos, todos caminamos y advertimos quien va delante, quien detrás, quien desde lejos se acerca. Si es alguien fuera de lo común, observamos mas detenidamente, pero de todas maneras pasa y nuevamente miramos al que sigue. Todo pasa. Es cierto, hasta cuando nos ponemos a mirar detenidamente y pensamos que será de esa persona, de sus historias, de sus sentimientos, sus sufrimientos, sus alegrías, etc. En estos casos, igualmente pasan y siguen otros. Es una frase contundente, rotunda. No acepta interrogantes.
Salí a conocer la ciudad Santiago de Chile. Y enseguida me vi dentro del metro, tan igual que en Buenos Aires. Con algunas diferencias en el costo del boleto (tres veces mas caro aquí), mucho mas limpio, muchas mas señales indicadoras, muchas mas personas observando que no pises una línea amarilla, etc. También vi que en las horas pico siempre es lo mismo, sea Buenos Aires o Santiago, la gente rebalsa de los sitios donde se debe esperar al metro. Los trenes llegan completos, aquí o allá, y nos metemos en ellos por donde podemos. Los gestos son los mismos, la angustia de tener que esperar es la misma, las quejas son exactas, aquí o allá.
El metro de Santiago no es tan asfixiante. Tiene zonas en que el tren circula al aire libre, tiene detalles propios de cada estación (creo que no hay estaciones iguales, ya sea en la estructura como en la decoración del mismo. Hay algunas estaciones donde hay bibliotecas, en otras hay pinturas, en otras murales, en otras espejos, etc.
La gente que usa el metro de Santiago, también es similar a la de Buenos Aires.
Usan este transporte unos dos millones de pasajeros todos los días.
Sus rostros, son los de gente cansada, gente que estuvo trabajando, que tuvo que lidiar con problemas durante el día, o durante la noche, gente despreocupada, gente que duda de uno, que desconfía. Son muy pocos los que dialogan con un desconocido, menos cuando ese desconocido toma fotografías. Recuerdo a uno de ellos, que se me acerco a preguntarme para que tomaba fotografías. Era un hombre de cuarenta y pico de años, oficinista. Iba a una reunión que no quería. Necesitaba hablar de cualquier otra cosa que no le haga recordar esa reunión. Y así fue, hablamos del miedo a ser retratados por un desconocido. Del porque de la acción de fotografiar, de expresarse de semejante manera. De la historia que nos une a chilenos y argentinos.
El metro llega a la ultima estación. Se abren las puertas y cada uno se pierde entre la gente. La chica que miraste y te miró, ya no esta. Se perdió. Será porque todo pasa? Irremediablemente …


















viernes, 13 de abril de 2007

Por la calle Corrientes

Una caminata tranquila me deja ver a muchos personajes, algunos no se dejan mirar, otros sonríen y tiran algún comentario: “Salí linda?”. Nunca falta la pregunta típica de gente que no deja de estar asustada, “¡nene, para quien sacas fotos?!”.
Un pibe de 27 años pasa con mirada desafiante frente a mi, lleva una remera de los redondos, quizás nos hayamos cruzado hace unos años. Se toma el subte de la esquina de Corrientes y Alem, su jornada parece haber terminado.














Otro, más joven que el anterior, busca entradas para el próximo festival de reggae, en la puerta del mítico estadio Luna Park. Esta pensativo parece estar pensando si para esa fecha se encontrara con ese amigo que le tiene que conseguir algo.













Frente al él, una mujer notablemente agotada encabeza la fila para tomarse un colectivo que la llevara a una estación de trenes, luego tomara ese tren repleto de gente y si tiene suerte, a alguna hora de la noche llegará a su hogar donde le preparará la comida a sus hijos y a su marido que esta deprimido porque no consigue trabajo, quizás.













Sobre la avenida Alem, vemos a uno de los que todavía aguarda y no puede dejar su puesto porque debe vender todas las rosas que le quedan. Es posible que mañana ya estén marchitas.












Marchito parece el ser que me observa desde enfrente, mientras escribe un mensaje en su celular, a quien quiera que fuese.












¿Para quién sacas fotos? Me pregunta el inspector de la línea esa que esta pasando.
Para Traverso, le digo y se queda pensando.













El señor vestido de traje observaría muy detenidamente las tapas de las revistas que tiene detrás, sino fuera porque esta muy entusiasmado en tomarse el próximo taxi que pase.














En cambio, la monja, ¡vestida de rosa!, pasa por el revistero de la esquina de la parroquia y no puede creer las cosas que se publican hoy en día.























También tenemos a esa mujer que salió vestida para matar, pero nadie se da cuenta hasta que pasa al lado de ese cartel amarillo.















Casi a punto de finalizar nuestro recorrido por Corrientes nos cruzamos con un señor mayor que con su bastón me pisa el pie y casi no tropezamos. Me dedica una mirada no muy afectiva y yo se la devuelvo.














Frente a él, en cambio, esta el vendedor de postales de Leo Matioli, un romántico.














Nos avisan que esta función se termina, se cierra el telón o el portón. Pero yo tenia entendido que la avenida Corriente es la que nunca duerme. Que va a ser, yo sí tengo un poco de sueño así que me voy a mi casa como cada uno de estos personajes que me cruce… por la avenida corrientes.